Cierre definitivo
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Terry Pratchett. Fausto Eric.
Ed. Plaza y Janés, 2005. Trad. Javier Calvo.
Tit. Original: Faust Eric, 1990. 153 pág.
Invocaciones Malignas
Por ahora el amigo Pratchett es el escritor más habitual de esta bitácora, y creo que se lo merece. Iba a comprar este recién aparecido libro cuando mi amigo Mezkal me lo dejó antes de irse de viaje. Nada, más barato me ha salido, y ya lo compraré cuando salga en bolsillo (agarrado que es uno).
La frase de la contraportada tiene delito:
Los seguidores de Terry Pratchett llevaban años esperando este libro.
Llega Eric, la novena entrega de la aclamada serie del Mundodisco
Efectivamente, señores. Un libro que tiene ni más ni menos que 15 años, y que siendo el noveno de la serie es publicado el decimosexto. Para acabar de adobarla, parece que se sienten orgullosos. Cosas veredes.
La historia, aunque corta, tiene su miga. Eric, aprendiz de demonología, intentará invocar a un poderoso demonio. La mala suerte le traerá a nuestro viejo conocido Rincewind. Aun así, le formulará los típicos tres deseos; deseos que serán concedidos aunque un tanto al pie de la letra. Mientras tanto, en el infierno, los nuevos métodos de gestión están trastornando el ambiente...
Tiene momentos verdaderamente graciosos -como el de la parodia de la guerra de Troya- y se lee de un tirón. En varias ocasiones he recomendado a este escritor y ¿todavía no me han hecho caso?
Oscar Wilde. El retrato de Dorian Gray.
Biblioteca básica Salvat, 1970. 204 páginas.
Traducción: Julio Gómez de la Serna.
Descenso al abismo
La lectura de la obra 'La importancia de llamarse Ernesto' hizo que me entrara el gusanillo de releer esta obra -que además tenía pendiente-. Si bien también la leí en mi adolescencia, lo que me tenía sorbido el seso eran sus cuentos. De esta estupenda novela me quedé tan sólo en el argumento.
Creo que la historia es bien conocida. Un joven de alma pura comenta mientras le hacen un retrato que daría lo que fuera por mantenerse siempre joven y bello. Su deseo es concedido y desde ese momento será el retrato quien envejezca por él, y en donde se muestren los turbios reflejos de su alma.
'El retrato...' es la historia de una corrupción. Si al principio el protagonista es estimulado por lord Henry, liberado de la moral por el cuadro (situándose 'más allá del bien y del mal') se lanza a una carrera vertiginosa en busca del placer más depravado. Todo esto bien delineado por la pluma de Wilde y trufado con esas frases de ingenio en las que era un maestro indiscutible. De múltiples y sabrosas lecturas, y tan vigente hoy como antaño, ha sido todo un placer -inocente, eso sí- reencontrarlo.
Como cosa a destacar de esta edición, las palabras de justificación del prólogo de Martín Gaite (y es que eran -afortunadamente- otros tiempos):
a pesar de haber sido tachada con frecuencia de superficial e inmoral, creemos que supone una importantísima aportación a la novela psicológica y fantástica de todos los tiempos
Tricicle. Estem penjats.
El millor diàlegs de "Dinamita"
Planeta, 2002. 285 páginas.
Humor de alto octanaje
Cuando compré este libro, hace ya casi un año, en el Corte Inglés por el irrisorio precio de un euro, reconozco que desconfié un poco. Si bien conozco y he disfrutado con la genialidad de Tricicle, también vi unos capítulos de 'Tres estrellas' y 'Choof' que decepcionaban bastante. Quizá 'Dinamita' era un programa mercenario y de ahí que estuvieran los diálogos 'de saldo'. No hubiera escrito todo este prólogo si no fuera porque estaba totalemente equivocado: son geniales.
Seleccionados los más adaptables a libro, y agrupados por temas (robos, restaurantes, médicos, equívocos,...) son tan buenos que no me alargaré en panegíricos tan innecesarios como aburridos. Transcribiré tres para que puedan compartir conmigo el placer de la sonrisa. Que los disfruten.
Paliza
Restaurante. Amanda y Toni en los cafés. Ella tiene mucha clase. El es un hortera que le está dando la paliza. Al lado, la mesa de Gerard que no pierde bola de la situación que está soportando Amanda...
Toni: I va el tío y le dice 'A que no me pillas'. El tío le dice 'A que no me pillas', el tío. 'A que no me pillas' ¿Lo entiendes? El tío va y le dice 'A que no me pillas', será posible. 'A que no me pillas', el tío...
Se acerca el camarero con una bandeja de botellas de licor
Camarero: ¿Les apetece un licor?
Toni: ¿Quieres un licor?
Amanda: No, gracias.
Toni: Yo sí ¿Éste que tal es?
Camarero: Muy bueno (irónico). Light. Sólo tiene 62 grados.
Toni: Light, dice, un licor light. ¿No quieres? ¡Si es light! No hace daño, si es light, como quieres que haga daño. ¿No quieres? ¿No? ¡Si es light! (bebe). Light, uf ¡Que light! No veas si es light. Light, dice. Claro que es light...(se levanta). Voy a cambiar el agua a las olivas.
El Toni se levanta comentando todavía lo light que es el licor. El camarero se va horrorizado del elemento en cuestión. Gerard también está horrorizado pero lo supera y se acerca para hablar con Amanda.
Gerard: Perdona, pero aunque no he querido he escuchado vuestra conversación, bien, el vuestro monólogo de él y... perdona si me meto donde no me llaman pero,.. pero... ¿Qué hace una mujer como tú, inteligente, interesante y, por descontado, guapa, con un... impresentable como este?
Amanda: No me queda más remedio.
Gerard: ¿Qué dices? Claro que sí. Eres joven, tienes toda la vida por delante... No puedes acomodarte, cortarte las alas, seguro que tienes otros proyectos que no pasan por él.
Amanda: Seguro...
Gerard: Entonces... ¿Que coño haces con un imbécil como éste?
Amanda: Soy puta. Me toca ir con imbéciles como éste.
El Gerard no sabe que cara poner
Gerard: ¡Ah! Ya... Perdona...Perdona...
De fondo se escucha al Toni que anuncia su presencia
Toni: Light, dice. Eso es un licor light. Sí, light!!
Buen Rollo
Autobús en hora punta. Ambiente frío de gente que va a trabajar. Laia, muy sonriente y vestida con una chaqueta roja, avanza como buscando a alguien. Se acerca a Albert, que lee el diario con una mano agarrada a la barra.
LAIA. Buenos días.
Albert la mira y no contesta.
LAIA. Buenos días...
Albert la mira y no contesta.
LAIA. QUIZÁ NO SON BUENOS DÍAS, ¿NO?
Albert la mira y no contesta. Laia no pierde la simpatía.
LAIA. La verdad es que hay días en los que no apetece hacer nada, y mucho menos ir a trabajar…
ALBERT. SÍ...
LAIA. Pero, en fin, de algo tenemos que vivir. ¿O no?
ALBERT. ¿Nos conocemos?
LAIA. Todavía no. Laia. ¿Y tu?
ALBERT. Albert.
LAIA. Albert. ¿Sabes que eres muy atractivo?
ALBERT. ¿¿¿Qué???
LAIA. NO. No me malinterpretes, me refiero a que destacas, brillas, se nota que tienes personalidad, aura...
ALBERT. YO?
LAIA. SÍ...
Albert, mosca, le mira la identificación de la chaqueta.
ALBERT. ¿De dónde sales tú?
LAIA. Trabajo para el ayuntamiento, en el Departamento del Fomento del Buen Rollo.
ALBERT. ¿Fomento del...?
LAIA. Del Buen Rollo. No lo conoces, porque es un departamento nuevo y todavía estamos de pruebas…
ALBERT. ¿Y... qué hacéis?
LAIA. Pues creamos buen rollo. Te queda muy bien esta chaqueta.
ALBERT. Gracias. ¿Buen rollo?
LAIA. SÍ. Han descubierto que la vida ciudadana se crispaba por momentos y al consistorio se le ha ocurrido crear el Fomento del Buen Rollo para liberar tensiones...
ALBERT. ¿Qué tensiones?
LAIA. NO sé... ¡Tensiones! ¿No los ves, la cara que tienen?
Efectivamente, el resto de pasajeros tienen cara de manzanas agrias
ALBERT. ¿Pero... por qué yo?
LAIA. Porque te he visto muy agobiado, muy triste, muy acabado...
ALBERT. ¿YO?
LAIA. ¡Antes! Ahora ya tienes mejor cara, mas despierto, mes interesado por la vida... Ahora podrás llegar al trabajo y decir: «¿A que no sabéis que me ha pasado? ¡Me ha salido una sonrisa en la cara!»
ALBERT. Igual sí que tienes razón...
Laia se dirige a todo el mundo y la miran con reticencia.
LAIA (a todos). ¡Señores, señoras! Basta de ir por la vida con estas caras... ¿Qué os cuesta sonreír un poco? Os veis cada día y no sois capaces de deciros ni una palabra... Un «buenos días», un «cómo está usted»... (a un pasajero). Tu, por ejemplo, seguro que has visto antes a esta mujer.
MICHAEL. Im sorry. I come from England. ¿Do you know the stop for Sagrada Familia?
LAIA. Bueno. Tú, no. Otro. Tú... Seguro que ves a esta chica todos los días…
Jeremías mira desconfiado a Laia y la chica en cuestión.
JEREMIES. SÍ...
LAIA. ¿Y no eres capaz de decirle ¡Hoy estás más maja que maja!?
ÍEREMIES. Eso sería acoso sexual.
LAIA. ¡Tonterías! Una cosa es acoso sexual y otra ser galante. Los hombres estáis perdiendo la galantería. La vida son cuatro días y no podéis cruzarla con un gesto adusto en la cara
Los viajeros comienzan a contagiarse del optimismo de Laia.
TODOS (adlib). Tiene razón...
LAIA. ¡Disfrutad de la vida! ¡Sonreíd!
TODOS (adlib). Tiene razón...
LAIA. ¡OS HABÉIS DADO CUENTA DE QUE YA NADIE CANTA POR LA CALLE?
Antes en los patios de vecinos siempre se escuchaba a alguien cantar.¿Que nos está pasando?
TODOS (adlib). Tiene razón...
LAIA. Ahora nos obligan a cantar en karaokes, cerrados, como si fuéramos delincuentes... y además pagando...
TODOS (adlib). Tiene razón...
LAIA. ¡Os sabéis aquella de «Viva la gente...»? ¡Venga, todos!...
TODOS. «La hay por doquiera que vas... Viva la gente, es lo que nos gusta mas...»
El autobús sigue circulando al ritmo de las voces de los pasajeros.
Buen Rollo II
La misma situación, una semana mas tarde. En el autobús de Albert todos cantan muy animados; Albert el que más. Laia vuelve a salir del fondo del autobús. Sin embargo, parece enfadada.
TODOS. ¡Viva la gente!
LAIA. ¿NO OS DA VERGÜENZA, TODOS AQUÍ, CANTANDO?
La gente la mira extrañada.
LAIA. Ya son mayorcitos, ¿No creen?
ALBERT. ¿Què?
LAIA. Van a trabajar, y lo mínimo que se puede pedir es que vayan concentrados.
ALBERT (intentando ser simpático). Nos estamos distendiendo. Nos conocemos, nos relacionamos. Son importantes las relaciones humanas....
LAIA. Si quieren relacionarse, utilicen Internet, que para eso está.
ALBERT. Perdona... ¿Tu no eres la Laia?
LAIA. SÍ, ¿qué pasa?
ALBERT. ¿La Laia del Departamento del Fomento del Buen Rollo?
LAIA. Ya no. Ahora soy del Departamento del Fomento del Mal Rollo.
ALBERT. ¿Mal rollo?
LAIA. SÍ, no lo conoces porque es un departamento nuevo y todavía estamos de pruebas.
ALBERT. ¿También es del ayuntamiento?
LAIA. SÍ, claro.
ALBERT. ¿Y que ha sido del Departamento del Buen Rollo?
LAIA. Nada. Era una buena idea, pero se les fue de las manos... La gente era demasiado feliz, Todos sonriendo, Todos cantando, abriéndose les puertas los unos a los otros, cediendo los asientos... Esto ya no era una ciudad de nego¬cios, parecía pitufolàndia (a los pasajeros). ¿Y ustedes qué miran? (a Albert). A propósito, tienes una cara que da pena. Por no hablar del aliento.
La Laia se va diciendo barbaridades. Albert, deprimido com nunca, se huele el aliento.
Anton P. Chejov. Narraciones.
Biblioteca básica Salvat, 1970. 171 páginas.
Traducción: José Laín Entralgo.
Retrato del desengaño
Otro libro de la colección Salvat y otro clásico de la literatura rusa. Libro que recuerdo haber leído a la tierna edad de 12 añitos aunque no entendiera mucho lo que leía. Como decía Vailima, a mí también me gustaba curiosear entre las estanterías de libros; solía escoger los de relatos porque me parecían más asequibles de las novelas.
No sabía que un cuento puede condensar la misma intensidad que una novela. Los relatos de Chejov lo hacen. Si bien su fama se la debe al teatro (pese a que sus obras no tuvieron mucho éxito, hasta que llegó Stanislavsky), en sus cuentos se respira el mismo ambiente sin esperanza. En el enfrentamiento entre sus personajes y la realidad esta última es siempre la vencedora.
En el libro encontramos los relatos siguientes: "La sala número seis", "Vecinos", "Un asesinato", "Kashtanka", "Ladrones","Cirugía","El camaleón","La boticaria", "Una corista" y "Zinotchka".
Leamos el comienzo de "La sala número seis":
En el patio del hospital hay un pequeño pabellón rodeado de un verdadero bosque de cardos, ortigas y cáñamo silvestre. Su techumbre está oxidada, la chimenea medio caída, los escalones de la entrada se hallan podridos y cubiertos de hierba, y del yeso del enlucido no quedan más que las huellas. Su fachada da al hospital, y por la parte trasera empieza el campo, del que lo separa una valla gris coronada de clavos. Estos clavos, con las puntas hacia arriba, la valla y el propio pabellón tienen ese aspecto particular, triste y repulsivo, que en nuestro país sólo se encuentra en los hospitales y las cárceles.
Si no teméis que os piquen las ortigas, sigamos el estrecho sendero que lleva al pabellón y veremos qué pasa dentro. Abrimos la primera puerta y pasamos al zaguán. Aquí, junto a la pared y la estufa, hay verdaderas montañas de trastos y ropas. Colchonetas, viejas batas hechas un guiñapo, pantalones, camisas a rayas azules, zapatos rotos que no sirven para nada: todos estos harapos están amontonados, arrugados, revueltos, medio podridos, y de ellos emana un olor pestilente.
Sobre esta basura se halla siempre tumbado, con la pipa entre los dientes, el loquero Nikita, viejo soldado licenciado de galones descoloridos. Su cara es dura, de hombre aficionado a la bebida, de cejas arqueadas, que le infunden el aspecto de mastín de la estepa, y de nariz roja; es más bien bajo, enjuto y nervudo, pero su aspecto impone y posee unos puños
enormes. Pertenece al género de personas simples, cumplidoras de su deber y obtusas que ponen por encima de todo el orden y que por eso están convencidas de que hay que emplear los puños. Pega en la cara, en el pecho, en la espalda, en cualquier
sitio, y tiene la seguridad de que de otro modo no mantendría aquello en orden.
En este relato, el optimismo del médico protagonista se verá enfrentado al desengaño del loco habitante de la sala número seis. Entre los dos surgirá una curiosa amistad que tendrá un final desafortunado.
En "Kashtanka" encontraremos, sin embargo, las aventuras de un perro joven y canelo que pasará a formar parte de una extraña t "troupe". En un relato tan breve como 'Una corista" veremos quien tiene en realidad una moral más elevada; si la legítima esposa, el marido, o la amante de éste, una corista.
Para conocer el resto de relatos les conmino a leerlos. Quizá Chejov perdió la esperanza en la humanidad, pero no dejó de quererla.
Paul Anderson. Las estrellas son de fuego.
Ediciones B, 2001. 507 páginas.
Tit. or. The stars are also fire. Trad. Pedro Jorge Romero.
Individualidad o muerte
Poco a poco y dosificándolos voy leyendo los más de veinte libros que compré de la colección nova aprovechando que algunos de sus números estaban saliendo 'de saldo'. Los dosifico porque soy bastante perezoso, y la ciencia ficción es la lectura que más me entretiene. Los títulos de esta colección encajan con la definición de entretenidos -quizá demasiado, a veces- y como un niño obediente prefiero no empacharme.
Este libro es una segunda parte, de lectura independiente, de 'Cosecha de estrellas', que no he tenido el placer de leer. En esa primera novela el protagonista, Anson Guthrie es el creador de una empresa Heinleniana (o sea, de ideología completamente liberal y organizada alrededor de su figura carismática) cuyos ecos encontraremos tres siglos después. El sistema solar está gobernado por una red de inteligencias artificiales que gestionan de un modo impecable los resursos económicos y sociales. Pero ni siquiera un sistema perfecto lo es para todo el mundo; los selenarcas -seres humanos modificados genéticamente que re rigen por una aristocracia de corte medieval- quieren conservar su independencia a toda costa. Para conseguirlo encontrarán aliados en diversos grupos descontentos de una planificación omnipresente.
La trama sirve de excusa para presentar un futuro bien construido repleto de interesantes especulaciones. Como anuncia la cubierta Anderson es un 'Gran maestro Nebula', y el oficio lo tiene bien aprendido. Nada tengo que reprochar al libro en sus aspectos formales, y ha cumplido su misión: me ha entretenido. No me ha dejado, sin embargo, huella alguna. Lo leí hace un mes (voy algo atrasado con las reseñas) y he tenido que hojearlo para refrescar la memoria. No he podido sentir simpatía por los protagonistas; ni admiro las empresas 'Heinlenianas' ni a unos selenarcas orgullosos. Tampoco me parece una buena alternativa una mente-colmena artificial.
Las estrellas son de fuego, pero el libro me ha dejado frío. Algo que tiene que ver más con mi gusto que con su calidad. Un libro que hará, sin duda, las delicias de los amantes de la ciencia ficción hard cargada de sentido de la maravilla, y que puede, sin duda alguna, recomendarse.
Leon Tolstoi. La muerte de Ivan Ilich. El diablo. El padre Sergio.
Biblioteca básica Salvat, 1969. 189 páginas.
Tres visiones del alma rusa
Siguiendo con la clásica -y estupenda- colección Salvat, el libro que reseñamos hoy es de ese gigante de las letras que fue Leon Tolstoi. El autor de las enciclopédicas novelas 'Guerra y Paz' y 'Ana Karenina' nos muestra su maestría en las distancias cortas. Tres relatos de corte muy diferente que nos presentan, más que un retrato psicológico, una excelente disección del alma de sus protagonistas.
En 'La muerte de Ivan Ilich' asistimos al sepelio del protagonista, un funcionario de vida rutinaria, al que un accidente de poca monta le provoca una enfermedad que acabará con él. A medida que se acerca el momento de la muerte, la conciencia de Ivan Ilich se irá tornando más lúcida.
El diablo es la historia de un hacendado rural que tuvo un 'arreglo' con una señora del pueblo y que, una vez casado, se obsesiona de tal manera por lo sucedido, que llega a creer que es el diablo quien anda tras de él.
En el último relato el príncipe Stepan Kasatski abandona una prometedora carrera a causa de un desengaño amoroso e ingresa en un monasterio, convirtiéndose en El padre Sergio. Pero no acabarán aquí sus cuitas; sus roces con la jerarquía harán de él un anacoreta, y su fama de santo harán que vuelva a mudar de vida.
Algo tienen en común el aburrido Ivan Ilich, el obsesivo Evgueni Irténev y el orgulloso Stepan Kasatski. Todos buscan algo que no son capaces de encontrar. Su vida se ha malgastado; o ellos lo creen así. Por fortuna, se equivocan: la pluma de Tolstoi los ha redimido para todos nosotros.
Un libro que he releído con agrado dada mi afición a la literatura rusa. Anótenlo en su lista.
Josep Pin i Soler. L’enveja.
Institut del Teatre. Biblioteca Teatral, 1985. 63 páginas.
14 personajes. 9 hombres y 5 mujeres.
Un caso patológico
Si esta estupenda colección de obras de teatro me está sirviendo para rellenar esos huecos que un gañán autodidacta como yo tiene en su formación cultural, también me está haciendo descubrir a escritores no tan conocidos. Es el caso de Josep Pin i Soler, nacido en Tarragona en 1842 y del que ignoraba su existencia pese a su extensa producción.
L’enveja (la envidia) es la protagonista de la obra. Don Andreu, un dramaturgo y político de cierto éxito es una persona devorada por la envidia. Envidia de los éxitos de personas más jóvenes que él y centrada en Felip, su futuro yerno, autor teatral como él y político en ciernes. Como condición para permitir que se case con su hija le exigirá que abandone la escritura, pero no podrá evitar -ni con malas artes- que la carrera de Felip sea más brillante que la suya.
Sin apartarse del canon decimonónico, resulta sorprendentemente moderna. Pese al bajo concepto que tenía el autor del teatro y el poco esfuerzo que decía dedicar a la escritura de sus piezas, su calidad es indiscutible. El malcarado protagonista parece compartir muchas cosas con el autor, excepto esa envidia malsana. Una obra bien escrita, que ha envejecido muy bien y de agradable lectura.
Aristófanes. Lisístrata.
Institut del Teatre. Biblioteca Teatral, 1988. 73 páginas.
Trad. Cristián Carandell.
10 personajes. 6 hombres y 4 mujeres. Coro femenino y masculino.
El arma definitiva
Me imagino a Aristófanes como un viejo reaccionario y algo cascarrabias. Conservador y un poco demagogo era sin embargo un pacifista acérrimo; varias de sus obras son una apología de la paz. Si muchas de sus escenas son realmente graciosas, en otras recurre a un humor escatológico y de ’sal gruesa’ (humor sólo entendible si se lee bien el griego -que no es mi caso-, o se disponen de buenas ediciones anotadas). Me gusta Aristófanes y le tengo cariño; el volumen anotado de sus obrascompletas que encontré en una librería de viejo es uno de los pocos libros que se quemaron en el incendio de mi biblioteca al que sigo echando de menos.
Fragmentos de sus obras, junto con algunas de Catulo (’pedicabo ego uos et irrumabo’) me han servido para ilustrar que la liberalidad en el lenguaje no son privativas del siglo XX. ‘Lisístrata’ es una de las mejores obras de teatro de todos los tiempos, y el más divertido y original alegato contra la guerra que pueda leerse. Para conseguir la paz, Lisístrata ha encontrado un método infalible; convencer a las mujeres de ambos bandos de que no tengan relaciones sexuales con sus maridos hasta que no se haya firmado la paz. Una estrategia que tendrá éxito y dará lugar a unas escenas de una comicidad espléndida.
Tanto jugo se puede sacar del argumento, que el dibujante de comics Ralph König ha hecho su particular adaptación (de la que puede haber adaptación cinematográfica), aunque en este caso la huelga sexual provoca que atenienses y espartanos decidan decantarse por la homosexualidad consiguiendo la paz pero de una manera diferente.
A la excelencia de la obra se une una traducción ‘hecha para representar’, porque ‘el actor de teatro no puede pararse a leer los pies de página’. Las obras de Aristófanes están repletas de juegos de palabra que resultan intraducibles, y que, inevitablemente, se han perdido en esta adaptación. Pero se han conservado con gran maestría otros tipos de gags, y el resultado merece la pena. Un clásico con toda la frescura de una obra actual. Excelente.
Como muestra, la primera página de la traducción, traducida del catalán más o menos como he podido:
Lisístrata: ¡Estas mujeres! Las invitas a una bacanal y no se puede ni entrar; vienen todas volando y ¡ala! a tocar el timbal. Pero para esto, en cambio, no se presenta ni una. Calla, que aquí viene la vecina. ¡Buenos días, Kalonike!
Kalonike: Buenos días, Lisístrata. ¿Que pasa, que estas preocupada? ¡Hija, no pongas esta cara! ¡No te favorece nada!
Lisístrata: ¡Es que se me enciende la sangre!¡Damos pena, las mujeres! ¡Para empezar, los hombres nos tienen por unas sinvergüenzas!
Kalonike: ¡Porque lo somos!
Lisístrata: Las convoco por una cuestión de vida o muerte que tenemos que tratar y mira, ellas durmiendo, no aparecen.
Kalonike: Ya vendrán, mujer. ¿No ves que no podemos salir de casa así como así? Tenemos que estar por el marido, por la escalava, cuidar de los niños, hacer la sopa, la colada…
Lisístrata: Sí, ¡pero hay cosas más urgentes y penetrantes!
Kalonike: ¿Cosas penetrantes, dices? ¿Y como son de gordas?
Lisístrata: ¡Uy, muy gordas!
Kalonike: ¡Coño! ¡Y que esperan para venir!
Lisístrata: No, no es lo que imaginas. Ya estarían todas aquí, si fuera eso. No, no. Hace días que me ronda por la cabeza una cosa que me hurga cada noche y me quita el sueño.
Kalonike: ¡Ah, debe ser una cosa fina! ¿Y quieres decir que es por la cabeza por dónde te ronda? ¡Si tanto te hurga!
Lisístrata: ¿Otra vez con eso? Sí, señora, una cosa muy fina. Los hombres son unos bestias. Tendríamos que agarralos y…
Kalonike: ¿Por donde?
Lisístrata: ¡Y dale! Es la salvación de Grecia la que proyecto. De las mujeres, sí, de las mujeres depende…
Kalonike: ¡Pues sí que estamos bien!
Juan José Millás. Trilogía de la soledad.
El desorden de tu nombre. La soledad era esto. Volver a casa.
Alfaguara, 1996. 457 páginas.
Realidad desdibujada
Lo primero que leí de Millás fue su libro 'Tonto, muerto, bastardo e invisible'. Desde entonces he leído todo lo que he podido de él, y viendo su producción en la página de club cultura veo que como mucho he leído la mitad. Encontré este libro en un puesto de segunda mano que me es muy querido. Cerca del mercado de la Boquería, en las Ramblas, en la calle de las Cabras pueden encontrar libros de segunda mano muy buenos a muy buen precio. Cinco euros me costó éste a mi, prácticamente nuevo y con tres novelas.
Me permitirán que copie la sinopsis, porque llevo hoy mucho escrito:
El desorden de tu nombre
Julio Orgaz, cuarentón divorciado que trabaja en una editorial, frecuenta al psiquiatra Carlos Rodó y conoce en un parque de Madrid a una mujer casada, Laura, en quien cree reconocer una reencarnación de su amante Teresa Zagro, muerta en accidente poco tiempo atrás. Su relación se consuma y la pasión les arrastra a la idea de matar al marido de Laura, que no es otro que el doctor Rodó.
La soledad era esto
Narra la historia de una mujer en crisis. Relata la pérdida de identidad propia de la protagonista, al tener ésta como único punto de referencia la soledad. En la obra va desapareciendo la figura del narrador en la medida en que la mujer toma conciencia de su propia existencia.
Volver a casa
Juan, el protagonista, está empeñado en conocerse a sí mismo, es decir, en saber quién es. Difícil lo tiene Juan, o José, que de las dos maneras puede ser nombrado, según sus cambios de identidad, si quiere alcanzar la unidad de su ser en la vida y en la muerte. En principio fue José, pero luego, tras la permuta con Juan, su hermano gemelo, cambió de nombre y de personalidad. Pasados los años opta por recuperar su filiación anterior.
De las tres me quedó con la primera, que tiene momentos gloriosos. La que menos me ha gustado 'La soledad era esto'. Sin duda una buena recopilación de novelas de un buen escritor. Asómense a sus páginas, que no les decepcionará.
© picasso
Diseño por Bryan Bell
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